Querida lectora

Querida lectora

Hoy no tengo una carta de una persona imaginaria a otra, pero tengo una para usted que me lee. Yo no sé quién será, sospecho que alguien que me conoce en la vida real y que me visualiza con mis manos enanas y morenas, inclinada ante el teclado con mala postura, imaginándome gente que no existe, que le escribe a otros fantasmas.

A veces escribir es cruel en su impredictibilidad. Un día una se levanta y se da cuenta de que no tiene nada que decir, y eso pone en duda todos los días en los que se levanta y piensa lo contrario. Todas estas palabras son inútiles, al final, piensa una. Pero no son más inútiles que tomar vitaminas, enviar un informe de presupuesto, lavar las sábanas, hacerle el ruedo a un pantalón. Todo se hace en vano, desde cierta perspectiva. La única razón que me anima es que a veces publico una carta y algún amigo me manda una línea que dice, "me gustó esa". O "esta frase está buena". Con eso me conformo.

Hay unas cartas que no me gustan a mí. Está bien. Lo que estoy tratando de hacer es poner algo cada semana, porque le confieso que me da miedo que me lean. He estado trabajando en lidiar con esa pérdida absoluta de control que se da en el momento en el que uno publica una palabra, o para los mismos efectos, cuando la dice. La incomprensión debe ser un indicio de una soledad profunda, de nunca ser vista realmente por nadie más. El reverso no es mejor: sería peor que te vean, que sepan hasta qué punto sos tonta, neurótica, prejuiciosa, carente de talento.

Hoy quería escribir una carta que le escribe un pescador a su perro. Es un alivio pensar que me puedo imaginar al pescador, y al perro, y el afecto intenso entre ellos mientras se sientan en la arena a ver las estrellas, y no concluir que estoy perdiendo la cabeza. Hay muchas oportunidades para el desconsuelo en este mundo lleno de tristezas. Pero también hay perros, y pescadores, y estrellas. Hay historias imaginarias que son solo sombras de las reales. Para la próxima semana quizás logre convertir una en correspondencia. Hasta entonces.